dimarts, 25 d’octubre de 2011

Una vella, coneguda gorra

Hoy me encontrado con Montserrat y ya llevaba el sombrero puesto. Ha oído lo que dicen esos señores que salen en la tele delante de un mapa con solecitos y nubes y ha curarse en salud, que no la pillase el frío con la testa destapada.


Ella siempre tan bonita, con o sin sombrero. Cuando la ves de lejos jurarías que su melena es bien morada, pero a medida que te le vas acercando, cuando les vas a elogiar el color tan curioso, se gira y descubres que tan solo era una trampa para cautivarte i llevarte a ella.

A mi los sombreros no me quedan tan bien como a Montserrat, pero si ella ya lo lleva puesto desempolvaré mi vieja gorra de lana, esa que me regaló ella misma el invierno del 83 en la cima de Sant Dimas, y me la pondré tan sólo para podermela quitar saludándola cada vez que pase por su lado.